martes, 14 de marzo de 2017

Cuando reventaron a Agustín Rueda en la cárcel de Carabanchel.

Mural "Que tu sangre encienda la chispa de la libertad. Agustín Rueda" (su retrato y una cadena rota por la A circulada)
Fechas para no olvidar

Agustín Rueda, preso anarquista asesinado en la cárcel de Carabanchel en 1978

El 14 de marzo moría en la cárcel de Carabanchel un preso político como consecuencia de una brutal paliza. Inmediatamente de conocerse los hechos, empezaron a oírse frases de lamentación por parte de los parlamentarios y el resto de los políticos, incluidos los altos cargos del Gobierno que afirmaban sentir hondamente lo ocurrido en Carabanchel. Agustín Rueda, anarquista, gerundense, de 25 años, detenido en el paso fronterizo de La Junquera en octubre del 77 bajo la acusación de transportar ilegalmente explosivos, no podía, desgraciadamente, oír todas estas lamentaciones que venían, además, de las mismas personas que habían permitido que estos hechos ocurrieron en el interior de una cárcel.
La muerte de este hombre servía, sin embargo, para que la opinión pública, que hasta entonces sólo había oído en la mayoría de los casos rumores, comprendiese que efectivamente eran fundados, que en las cárceles se pegaban increíbles palizas a los presos.

13 DE MARZO EN LA CARCEL DE CARABANCHEL
El comienzo del suplicio que llevaría a la muerte a Agustín Rueda, comenzó con el descubrimiento de un túnel de unos 15 metros en la séptima galería de Carabanchel, en donde, entre 500 presos sociales se encontraban 11 políticos: 8 anarquistas y 3 de los GRAPO. Inmediatamente de que el túnel fuese descubierto, varios reclusos sospechosos fueron llamados por la dirección a declarar, que se propuso averiguar a toda costa los nombres de los que habían participado en la construcción del túnel. Entre los reclusos que fueron llamados se encontraba Agustín Rueda y los tres presos que posteriormente declararon ante el juez: Pedro García Peña, Miguel Ángel y Alfredo Casal.
Todos los presos llamados por la dirección fueron interrogados por los funcionarios a base de golpes en presencia del director, del subdirector, un pedagogo del centro y, en alguna ocasión, del cura de la prisión que hizo aparición en el lugar en donde se estaban llevando a cabo tan sutiles interrogatorios (la Jefatura de Servicio), saliendo a los pocos minutos sin decir siquiera una palabra en favor de los presos.
Agustín Rueda, sin embargo, fue de todos ellos el que más golpes recibió a causa de su total mutismo a la hora de responder a las preguntas que sobre su implicación o la de sus compañeros se le hacían. Después del interrogatorio en la Jefatura de Servicios y, debido a los gritos y quejidos que resonaban por las galerías de Carabanchel, los presos fueron bajados a las celdas destinadas a los condenados a muerte, en donde Agustín Rueda volvió a ser «interrogado» y recibió la paliza que acabaría a las pocas horas con su vida.
Finalizado el interrogatorio, Rueda quedó abandonado a su suerte, sin recibir en ningún momento asistencia médica. Solamente el médico de la prisión, después de ser llamado varias veces, hizo una visita al moribundo pocas horas antes de su muerte, aplicándole unas agujas en las piernas, que ya entonces Rueda no sentía, marchándose sin más. Al cabo de, aproximadamente, dos horas de la visita del médico, y ante los continuos quejidos de Rueda, varios funcionarios le trasladaron de lugar, lo cual, sin embargo, no evitó que el joven anarquista muriese a las pocas horas.
La muerte de Rueda conmocionó notablemente a la opinión pública que instintivamente, al preguntarse cómo era posible que esto ocurriera, ponía toda su atención esperando que éste, tal como prometió a las pocas horas, respondiese de alguna manera. La realidad sin embargo, y a pesar de la gravedad de los hechos, fue que nadie dimitió. Diez funcionarios, el subdirector y el director de Carabanchel, fueron puestos necesariamente en la cárcel.
El director, no obstante, y pese a que de seguro hubiera contado con mayor favoritismo durante su temporada como recluso, prefirió no probar a ser compañero del resto de los reclusos, y previo pago de una fianza, se le puso inmediatamente en libertad provisional. (...)

Rescatado de la revista Crash nº 1, mayo 1978

"Distintos conflictos laborales, un mismo enemigo. ¡Y una misma lucha!". Dibujo: (una estudiante y 3 obreros juntos, con pancarta de mano que pone "unidad")
Lucha Obrera:

-Para cartel difusión.

Texto de artículo y foto recibimiento madres presxs políticxs a Arenas en junio 1984.
Arenas Libertad:

Texto de Arenas “La política del fascismo”, de 1973.

Dibujo. En mani, mujeres con el puño alzado.

Poesías proletarias

EMPEZAR HOY

Hoy es el día.
¿Para que esperar más?
Hoy hay que ponerse manos a la obra.
Nadie hará las cosas por ti...

Tu decides continuar igual o cambiar.
Tu decides el camino.
Mañana puede ser tarde...
Puede que ya no estés en condiciones
de decidir nada...

María Jesús Romero
1 febrero 2017